jueves, 20 de agosto de 2009

A contracorriente


Últimamente me da pena salir a la calle. Me da pena ver en qué se ha convertido la gente a mi alrededor, me da pena ver sus caras decrépitas y sus ojos permanentemente rojos. Me da pena oler el perfume del porro en sus ropas, en sus mejillas, al darles dos besos.

Odio ése olor.
Con todo mi ser, lo odio.

Es un olor sucio y nauseabundo, olor a pobreza de espíritu y a discoteca de pueblo. Huelen a viejos verdes y a charcos de barro, a asfalto y a vacío. A agujeros negros. A agua putrefacta, estancada y sin esperanza de fluir.

Me dicen que eso es lo normal, que soy yo una radical y una friki idealista. Una intolerante porque me pregunto por qué sólo saben divertirse liando papel y tirándose en las aceras para reírse de lo que no tiene gracia, porque me atrevo a decirles que tiran su vida a la basura con cada ralla de coca que se meten por la nariz, porque sin querer arrugo la nariz cuando se me acercan, porque no me sale mirarles de otra forma que con lástima. Porque ya no me siento a gusto en mi propio barrio, con lo que antes era como una familia.

Pero lo que más me duele es el olor.

Como dice mi amigo, apesta a perdición.

2 comentarios! =D:

X dijo...

Uf, este tema siempre estará presente en las relaciones sociales, porque siempre hay alguien que consume y alguien a quien no le gusta... yo ni siquiera soporto un cigarrillo, así que un porro mucho menos, afortunadamente mi círculo de amigos no consume, puede que alguno de vez en cuando una noche de fiesta pero desde luego no a diario, mañana y tarde como cada vez más se puede ir viendo. Claro que si encima ya se han pasado a la coca, poca esperanza le veo al asunto.

Pero no te preocupes, ellos mismos se están condenando. En el futuro, si viven más de treinta años, ellos serán los reponedores de Mercadona, los moteros del Telepizza o los barrenderos de tu calle. Son trabajos dignísimos, es cierto, pero ellos sencillamente no podrán aspirar a nada mejor. Nosotros sí. :-)

Transeúnte dijo...

Tienes razón, últimamente se sale a la calle y a la vuelta de la esquina ves un grupo de jóvenes destrozando su vida drogándose, corrompiéndose cuerpo y mente y degradando su dignidad.

Por cierto, hace mucho tiempo que no actualizabas, me alegra saber que sigues viva :)

Hasta otra.